miércoles, 13 de octubre de 2010

El yo indígena

Luis Villoro

El yo no puede poseerse y desespera por no llegar a ser el mismo, de ahí su conciencia de inseguridad y de desequilibrio interno, de lucha interna y de inestabilidad. El mestizo por más que quiera, no puede resucitar el tipo de reflexión indígena ni puede expresarse “en indio”, Si quiere juzgar toma los conceptos occidentales, si quiere mirar, debe hacerlo a través de sus ojos. Lo indígena es una realidad que debe ser revelada, iluminada por la reflexión.

LO OCCIDENTAL SIMBOLIZARA LA LUZ REFLEXIVA, LO INDIGENA EL MAGMA INAPRESABLE, HONDO Y OBSCURO QUE TRATA DE ILUMINAR ESA LUZ.

Siempre se liga al indígena con lo ancestral, a lo hereditario. Se habla más cómo de un legado que está en nuestra sangre más que nuestra razón, es una fuerza colectiva. El principio indígena es el espíritu mestizo, en cuanto está ahí como trasfondo inapresable; no lo es, en cuanto no se hace tético a la reflexión, en cuanto no se puede poseerse.

El indigenismo contemporáneo es una expresión simbólica de esa inestabilidad por medio de conceptos raciales. Indio y mestizo se confunden; su comportamiento, en tantas clases explotadas, es similar, su reacción fundamental ante una situación semejante es la misma. Pero si el indígena se manifiesta por la acción, esta lo revelara tan solo en tanto ser activo en la sociedad, hay una lucha racial constante.

El indigenismo actual se nos aparece como un momento dialectico destinado a ser negado. Solo existe para destruirse. Se afirma lo indígena como valor supremo, para poder negarlo después en una sociedad donde se reconozcan mutuamente el indio y el blanco.

Así que para salvar al indio habrá que acabar por negarlo en cuanto tal indio, por suprimir su especificidad. Pues que en la comunidad sin desigualdad de razas no habrá ya “indios” ni “blancos” ni “mestizos”, sino hombres que se reconozcan recíprocamente en su libertad.

El mestizo indigenista busca recuperar su ser por un movimiento de dos dimensiones: la acción es una y el amor es otra, lejos de oponerse, ambas se complementan; más aun, se exigen mutuamente. Porque la acción sin amor arriesgaría hacer violencia al indio, tratarlo como objeto, dirigirlo desde fuera sin respecto para su libertad. Y el amor sin acción podría caer en la inercia improductiva de una tierna añoranza o, lo que es peor, en la complicidad, por omisión, con aquellos que al indio explotan.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada